sábado, 26 de noviembre de 2011

ESPERAR A CRISTO DE LA MANO DE SANTA MARÍA

El tiempo de ADVIENTO es para esperar a Cristo, y ¿qué mejor que esperarle de la mano de la Virgen Santísima? Porque ella nos enseña a esperarle en la intimidad.

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Cada domingo de Adviento se encienden las luces que anuncian las etapas del itinerario hasta la Navidad. Como en años anteriores, colocaremos en el centro de nuestro hogar la corona con las cuatro velas. En el primer domingo de Adviento se bendice la corona cuando todos están reunidos y el padre dice la invocación que aquí se propone y, él mismo o uno de los hijos enciende la vela correspondiente. Entretanto se puede cantar una estrofa de un canto de esperanza o se guarda un sagrado silencio. 
Reflexionamos sobre esta frase del Evangelio “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14) que es como el lema del Itinerario de Renovación para este segundo año, y estamos precisamente reviviendo “el tiempo de las promesas”. Cada vela que encendamos es una etapa hacia el pleno cumplimiento de estas promesas en el nacimiento de Jesucristo.

Oración para bendecir la corona de Adviento y encender el primer cirio

Si hay niños pequeños, uno de los mayores o el padre o la madre explica a los niños el sentido de lo que se está haciendo con estas u otras palabras semejantes:

Al comenzar este nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con la que inauguramos también el tiempo de Adviento que nos llevará́ hasta la Navidad. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo; su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado la verdadera Vida.
Encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual reparación para recibir la luz de la Navidad. Por eso hoy, primer domingo de Adviento, bendecimos esta corona y encendemos su primer cirio. En este segundo año del Itinerario Diocesano de Renovación, el lema de este curso es “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” y estamos precisamente reviviendo “el tiempo de las promesas”. Cada vela que encendamos es una etapa hacia el pleno cumplimiento de estas promesas en el nacimiento de Jesucristo.
A continuación el padre, con las manos de toda la familia unidas y estando alrededor de la corona, dice la oración de bendición:

Oremos.
La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se acerca como luz esplendorosa, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de esperanza en tu venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque y la ha adornado con luces.
Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, ocurrida hace poco más de dos mil años, te pedimos Señor que mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona con nuevas luces, a nosotros nos ilumines  con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, iluminará todas las oscuridades. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Si tienen costumbre de orar en familia puede añadirse esta Oración universal que se irán repartiendo los miembros de la familia para hacerla entre todos.

Oración de los fieles
La madre o el padre:
Alegres por el anuncio de la venida del Señor, oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, en la esperanza de encontrarle ya ahora y en el tiempo de nuestra total liberación.



Los hijos:


Para que visite su sana Iglesia, que camina a la luz de las promesas, le conceda la unidad y la libertad y la gobierne con su asistencia, roguemos al Señor.

Por todos los pueblos del mundo, para que reconociendo el bien precioso de la dignidad de las personas, puedan dar un rostro verdaderamente humano a la sociedad roguemos al Señor.

Para que con su venida cure los dolores de los enfermos, dé́ paz y alegría a cuantos carecen de ellas y libre al mundo de todos los males, roguemos al Señor.

Para que cuentos recordamos con piedad su primera venida merezcamos llegar, unidos en un mismo Itinerario de Renovación, con sentimientos de fiesta, a su gloriosa aparición al fin de los tiempos, roguemos al Señor.
La madre o el padre:
Te pedimos, Padre todopoderoso, que escuche nuestras oraciones y derrames sobre nosotros los dones de tu piedad; para que cuantos confían en la venida de tu Hijo, no pierdan la esperanza y se vean libres de todo mal. Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén. 

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