sábado, 4 de febrero de 2017

SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ
Este año, pueden comenzarse los siete domingos de san José, el 29 de enero, que concluirán el 12 de marzo, para celebrar la fiesta el 19 de marzo, o bien el 5 de febrero para concluir el 19 de marzo, ya que ya fiesta litúrgica de san José se celebra el 20 de marzo, lunes, por ser el 19 de marzo el III Domingo de Cuaresma.

PRIMER DOMINGO


El dolor: La decisión de repudiar a su inmaculada esposa.

La alegría: Cuando el Arcángel le reveló el sublime misterio de la encarnación.

Glorioso San José, castísimo esposo de María,  ¡qué aflicción y angustia la de tu corazón en la perplejidad en que estabas sin saber si debías abandonar o no a tu esposa sin mancilla! Pero ¡cuál no fue también tu alegría cuando el ángel te reveló el gran misterio de la Encarnación!

Por este dolor y este gozo te pedimos que consueles nuestro corazón ahora y en los últimos dolores de nuestra vida, con la alegría de una vida justa y de una santa muerte semejante a la tuya, asistidos de Jesús y de María.

Padrenuestro, Ave y Gloria.


SEGUNDO DOMINGO


El dolor: Ver nacer el niño Jesús en la pobreza.

La alegría: Escuchar la armonía del coro de los ángeles y observar la gloria de esa noche.

Glorioso San José, bienaventurado patriarca, escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre: el dolor que sentiste viendo nacer al niño Jesús en tan gran pobreza se cambió de pronto en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los ángeles y contemplar las maravillas de aquella noche tan resplandeciente.

Por este dolor y gozo alcánzanos, una vez concluido el camino de esta vida, la gracia de escuchar las alabanzas de los ángeles y de gozar de los resplandores de la gloria celestial.

Padrenuestro, Ave y Gloria

TERCER DOMINGO


El dolor: Ver derramada la sangre del niño Jesús Salvador durante su circuncisión.

La alegría: Poner al Hijo de Dios el nombre de Jesús, que significa “Dios salva”.

Glorioso San José, ejemplo de obediencia para cumplir las leyes divinas, la sangre preciosísima que el Redentor Niño derramó en su circuncisión te traspasó el corazón; pero el nombre de Jesús que entonces se le impuso, te reconfortó y te llenó de alegría.

Por este dolor y este gozo alcánzanos la gracia de vivir alejados de todo pecado, a fin de expirar gozosos, con el santísimo nombre de Jesús en el corazón y en los labios.

Padrenuestro, Ave y Gloria

CUARTO DOMINGO


El dolor: Escuchar la profecía en la que el anciano Simeón predijo los sufrimientos de Jesús y María.

La alegría: Entender el sentido de la vida de Jesús mediante la predicción de la salvación y de la gloriosa resurrección de innumerables almas.

Glorioso San José, santo fidelísimo, que tuvistes parte en los misterios de nuestra redención; aunque la profecía de Simeón acerca de los sufrimientos que debían pasar Jesús y María te causó dolor mortal, sin embargo te llenó también de alegría, anunciándote al mismo tiempo la salvación y resurrección gloriosa que de ahí se seguiría para un gran número de almas.

Por este dolor y por este gozo consíguenos ser parte del número de los que, por los méritos de Jesús y la intercesión de la bienaventurada Virgen María, han de resucitar gloriosamente.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

QUINTO DOMINGO


El dolor: El afán de educar, alimentar y servir al Hijo Dios, durante la emigración a Egipto.

La alegría: Tener siempre consigo al mismísimo Dios, y viendo cómo ante Jesús los ídolos de Egipto no son nada.

Glorioso San José, custodio vigilante, familiar íntimo del Hijo de Dios hecho hombre, ¡cuánto sufriste teniendo que alimentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente en la huida a Egipto!, pero cuán grande fue también tu alegría teniendo siempre contigo al mismo Dios, del todo incomparable con aquellos ídolos de Egipto que, siendo tenidos como dioses,  no eran más que piedras sin alma.

Por este dolor y este gozo, alcánzanos la gracia de alejar para siempre de nosotros al tirano infernal, sobre todo huyendo de las ocasiones peligrosas de pecar, y derribar de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, para que, ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para ellos y muramos gozosos en su amor.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

SEXTO DOMINGO


El dolor: Regresar huyendo a Nazaret por el miedo que suponía el nuevo rey de Judea, Arquelao.

La alegría: Poder dar ambiente de hogar en Nazaret a Jesús y a María y saberse protegido por Dios mediante la confianza establecida con el Ángel de sus sueños.

Glorioso San José, ángel de la tierra, que pudiste admirar al Rey de los cielos, obedeciendo tus más mínimos y paternales mandatos; aunque la alegría al traerle de Egipto se turbó por temor a Arquelao, sin embargo, tranquilizado luego por el ángel, viviste dichoso en Nazaret con Jesús y María, en la intimidad de un hogar donde Dios ocupó siempre el centro de tus pensamientos y actividades.

Por este dolor y este gozo, alcanzadnos la gracia de desterrar de nuestro corazón todo temor nocivo, poseer la paz de conciencia, vivir seguros con Jesús y María y morir también asistidos por ellos.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

SÉPTIMO DOMINGO


El dolor: Cuando sin culpa pierde a Jesús, y lo busca con angustia durante tres días.

La alegría: Encontrar a Jesús en el Templo en medio de los doctores de la Ley para enseñarles el verdadero sentido de la Escritura santa.

Glorioso San José, modelo de toda santidad entre los humanos, que habiendo perdido sin culpa tuya al Niño Jesús, le buscaste durante tres días con profundo dolor, hasta que, le hallasteis en el templo, en medio de los doctores, momento en que tu corazón de sintió henchido de alegría al verlo, además porque Dios quiso llevar tu alma de santa satisfacción al ver cómo el Niño ya había comenzado por cuenta propia su misión redentora; tu boca calló y meditó aquellas palabras con las que el Niño Jesús explicaba el verdadero sentido de la Escritura a los sabios de Israel.

Por este dolor y este gozo, te suplicamos, con palabras salidas del corazón, que intercedas en nuestro favor para que jamás nos suceda que perdamos a Jesús por algún pecado grave. Pero, si por desgracia le perdiéramos, haz que le busquemos con tal dolor que no hallemos sosiego hasta encontrarle benigno en el Sacramento de la Penitencia, sobre todo en nuestra muerte, a fin de ir a gozarle en el cielo y cantar eternamente contigo sus divinas misericordias, descubriendo la revelación contenida en la Escritura de modo vivo en la contemplación del rostro de Dios.

Padrenuestro, Ave y Gloria.


GOZOS DEL GLORIOSO PATRIARCA SAN JOSÉ,
ESPOSO DE LA BIENAVENTURADA MARÍA VIRGEN


Eres santo sin igual 
y de Dios el más honrado:
sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

I
Antes que hubieses nacido,
ya fuiste santificado, 
desde siempre destinado 
para ser favorecido:
naciste de esclarecido 
linaje y sangre real.
sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

II
Esa tu vida tan pura 
que te hace sin segundo:
después de María, el mundo 
no vio más santa criatura; 
y así fue tu gran ventura 
entre todos sin igual.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

III
Pues tu santidad declara 
aquel caso soberano, 
que estando en tu santa mano 
floreció la seca vara;
y porque nadie dudara, 
hizo el cielo esta señal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

IV
A vista de este portento,
todo el mundo te respetaba,
y parabienes te daba 
con alegría y contento; 
publicando el casamiento 
con la Reina celestial.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

V
Con júbilo recibiste
a María por esposa,
Virgen pura, santa, hermosa,
con la cual feliz viviste,
y por ella conseguiste
dones y luz celestial.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.


VI

Oficio de carpintero
ejercitaste tú en vida,
para ganar la comida
a Jesús, Dios verdadero,
y a tu Esposa, un lucero,
compañera virginal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

VII
Dios y tú con tierno amor
daba el uno al otro vida,
tú a él con la comida,
y él a ti con su sabor:
tú le disteis el sudor,
y él te dio vida inmortal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

VIII
Tú fuiste la concha fina, 
en donde con entereza 
se conservo la pureza 
de aquella Perla divina, 
fue tu Esposa y Madre digna, 
la que nos sacó de mal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

 IX

Cuando la viste en Cinta, 
inmensa fue tu tristeza;
sin condenar su pureza,
tratabas en tu jornada; 
estorbóla la embajada 
de aquel Nuncio celestial.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

X
No tengas ¡oh José! espanto, 
el Paraninfo decía:
lo que ha nacido en María, 
es del Espíritu Santo:
tus consuelos fueron tanto, 
cual pedía caso tal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XI
Eres el hombre primero 
que viste a tu Dios nacido; 
en esos brazos dormido
tuviste a aquel Lucero, 
siendo tú el tesorero 
de aquel inmenso caudal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XII
Por treinta años nos guardaste 
aquel Tesoro infinito
en Judea, y en Egipto 
a donde lo retiraste; 
entero nos conservaste 
aquel rico mineral.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XIII
Cuidado, cuando perdido, 
te causó un gran sentimiento
que se te volvió en contento 
del cielo restituido; 
de quien siempre obedecido 
eres con amor filial.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XIV
En tu muerte muy dichosa, 
siempre estuvrieron los dos: 
el mismo humanado Dios 
y María vuestra Esposa:
y para ser muy gloriosa, 
vino un coro angelical.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XV
Con Cristo resucitaste
en cuerpo y alma glorioso,
y a los cielos victorioso
a tu Rey acompañaste,
a su derecha te sentaste
haciendo coro especial.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XVI
Allá estás como abogado 
de todos los pecadores, 
alcanzando mil favores 

al que te llama atribulado:
ninguno desconsolado 
salió de este tribunal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XVII
Los avisos que leemos 
de Teresa nuestra madre, 
por abogado y por padre 
nos exhorta que te tomemos:
el alma y cuerpo sabemos 
que libras de todo mal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

Eres santo sin igual 
y de Dios el más honrado:
sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

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