LOS SIETE DOLORES DE LA VIRGEN MARÍA



Introducción

¡Virgen de vírgenes santa!,
llore yo con ansias tantas
que el llanto dulce me sea
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.

(Secuencia de la Misa de la bienaventurada Virgen de los Dolores, estrofa 8)

Invitación a meditar:
Al comenzar esta tarde la contemplación de los Dolores de María, meditamos aquel himno que proféticamente canta la Escritura santa en el Libro de los Proverbios, elogiando a la mujer que en toda situación se mantiene firme y hace prevalecer su fortaleza. Hay muchas mujeres fuertes, pero María va a la cabeza porque superó todas las pruebas. Meditemos cómo una mujer llena de dolor, puede llegar a ser la Reina del Universo.
Una mujer fuerte, ¿quien la hallará?
Supera en valor a las perlas.
Su marido se fía de ella,
pues no le faltan riquezas.
Le trae ganancias, no pérdidas,
todos los días de su vida.

Es como nave mercante
que importa el grano de lejos.
Abfre sus manos al necesitado
y tienende sus brazos al pobre.

Se viste de fuerza y dignidad,
sonríe ante el día de mañana.
Abre la boca con sabiduría,
su lengua enseña con bondad.

«Hay muchas mujeres fuertes,
pero tú las ganas a todas».
Engañosa es la gracia.
se viste de fuerza y dignidad,
sonríe ante el día de mañana.
Abre la boca con sabiduría,
su lengua enseña con bondad.

(Prov 31, 10-12. 14. 20. 25-26.29-31)
Hoy queremos llevar nuestra contemplación de los Dolores de la Virgen María, escrutando su corazón. Ella sintió su dolor intensamente, no debiera ser necesario imaginarnos cuánto dolor. Se trata de una vida entregada a Dios y que se olvida de sí misma para vivir con su Hijo la Pasión. María alcanzó de Dios el favor de vivir la Pasión de su Hijo durante toda su vida. Entremos en el alma de María, el alma atravesada por una espada, para conocer el dolor, pues los Dolores de María son parte de nuestra salvación.
Oración
TE pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de santa María, siempre Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R∫. Amén.

Primer dolor:
LA PROFECÍA DE SIMEÓN

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.


(Secuencia de la Misa de la bienaventurada Virgen de los Dolores, estrofa 1)




El Evangelio según san Lucas nos narra el primer dolor con estas palabras:
Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, [los padres de Jesús] lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor.
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él.
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones». 
(Lc 2, 22. 25. 34-35)
Reflexión:
Señor y Dios de nuestros padres, acepto todo lo que decidas en tu divino plan salvador, mi corazón está para servirte. Lo que me propusiste aquel gozoso día en que tu Arcángel Gabriel me saludó de tu parte, sin mérito alguno mío, lo he aceptado, Señor, y lo mantengo, de modo que de nuevo quiero repetir aquellas palabras que te dije entonces: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». No quiero ser otra cosa contigo, mi Dios y mi Señor, tienes en tus manos todo mi ser y mi poseer. Si lo que vienen son alegrías, ya me las diste todas con mi Jesús; si lo que vienen son dolores y sufrimientos, sírvanme para cooperar en tu obra salvadora. Nada más deseo ser, sino servirte y complacer tu santa Voluntad. Toma todo lo mío, todo mi ser, nada deseo nada quiero mas que hacer siempre tu voluntad, conformo la mía a la tuya. Yo no puedo en mi pequeñez, pero tú todo lo puedes en mí. Siento que no va a ser fácil una vida a tu servicio, mas no vine a este mundo a encontrar las cosas fáciles, sino a hacer en todo tu voluntad.
Oración
DIOS todopoderoso y eterno, que en Cristo manifiestas tu gloria a todas las naciones, por los dolores de tu santísima Madre, vela solícito por la obra de tu amor, para que tu Iglesia, extendida por todo el mundo, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu nombre.  Por Jesucristo, nuestro Señor.
R∫. Amén.

Segundo dolor:
LA PERSECUCIÓN DE HERODES Y LA HUÍDA A EGIPTO

¡Oh, cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

(Secuencia de la Misa de la bienaventurada Virgen de los Dolores, estrofa 2)

Cuenta el Evangelio según san Mateo:
Cuando [los Magos] se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto 1y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».
(Mt 2, 13-15)
Reflexión:
No hay día, mi Dios y Señor, en que no se junten las penas con las alegrías. Ayer vinieron los Magos, todo era alegría y fiesta; hoy tenemos que huir a Egipto. No te pido, mi Dios que apartes las penas, las dificultades y los problemas de mi vida, sino que me des fortaleza para enfrentarlos. Quiero hacer tu voluntad y sé que esta no llega solo cuanto todo va bien, también cuando la tormenta acecha. Me has dado a tu Hijo como Hijo mío y en él me haces participar de tu vida divina como él mismo participa también de mi vida humana. Esta conlleva reveses, infortunios, traiciones, persecuciones, incomprensiones, me duelen en el corazón porque todas estas injurias que nos dirigen, Señor, no son contra nosotros que nada somos, sino contra tu Hijo Jesucristo y contra ti. Estos pecados contra el Espíritu Santo solo pueden resolverse favorablemente con la luz del Espíritu Santo. Ayúdame a pedir por los perseguidores y por los que no comprenden mi fe.
Oración
OH, Dios, en cuyo ordenamiento tiene la familia su sólida base, atiende compasivo las súplicas de tus siervos, y haz que, siguiendo los ejemplos de la Sagrada Familia de tu Unigénito en las virtudes domésticas y en la práctica del amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
R∫. Amén.

Tercer dolor:
JESÚS PERDIDO EN EL TEMPLO


Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

(Secuencia de la Misa de la bienaventurada Virgen de los Dolores, estrofa 3)

Escuchad atentamente este desconcertante encuentro de Jesús con su Madre:
Cuando [Jesús] cumplió doce años, [él y sus padres] subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
(Lc 2, 42-50)
Reflexión:
Cuando perdemos alguien o algo de valor sufrimos, Señor, con una porción de egoísmo, porque nos quedamos sin aquello que amamos. Parece que sufrimos porque nos falta algo. Señor, yo perdí a mi Jesús y me pareció que me alejaba de ti, que era yo quien me perdía. Pronto entendí que a veces tú, Señor, nos dejas para que sepamos responder por nosotros mismos. Cuando perdí a mi Jesús, el mundo se me cayó a mis pies y mi corazón de llenó de angustia. Acompañada de José, fuimos en su busca y lo encontramos entre los maestros de la ley. Verlo fue un gozo, pero no entendí que yo debo ir siempre por delante, guarde en mi corazón dolido aquellas palabras: «Yo debo estar en las cosas de mi Padre» y comprendí que yo también debía estar en las cosas de mi Hijo. Ayuda, Señor y Dios mío, a todas aquellas personas que viven de espaldas a Dios y a la verdad y que acepten la salvación.
Oración
OH, Dios, que con inescrutable providencia has querido que la Iglesia esté asociada a la pasión de tu Hijo,  por la intercesión de la Madre de tu Hijo, concede a tus fieles que sufren persecución por tu nombre, espíritu de paciencia y caridad, para que sean reconocidos como testigos fieles y veraces de tus promesas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R∫. Amén.
Cuarto dolor:
MARÍA ENCUENTRA A JESÚS CARGADO CON LA CRUZ

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

(Secuencia de la Misa de la bienaventurada Virgen de los Dolores, estrofa 4)

Los dolores de María van creciendo en intensidad, en este cuarto dolor la encontramos en su primer encuentro con su Hijo condenado a muerte:
Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”».
(Jn 19, 16b-21)
Reflexión:
Tantas veces en nuestra vida ha ocurrido esto mi Jesús… Te he mirado, me has mirado y si tenías un dolor me has sonreído, como ahora que con todo tu dolor me estás sonriendo. Hijo mío, ahora que estoy delante de ti entiendo todo esto por lo que pasas, pero no impidas que participe de tu dolor. Me has hecho tu Madre en Nazaret, en Belén, en Egipto, y también quiero serlo ahora en Jerusalén. Dime qué puedo hacer para aliviar tu dolor, paliar tus sufrimientos, aminorar tu dolencias. Siempre fuiste fiel, obediente y servicial conmigo. Cuando se nos fue José, a quien tanto queríamos, te abrazaste a mi y cargaste con todo el dolor de la separación y ya no me abandonaste. No quieras ahora apartarme de ti y llevar tu solo esta carga. Cuenta conmigo, aunque con esto llegue mi muerte y sea lo último que haga por ti…
Oración
DIOS todopoderoso y eterno, salvación eterna de cuantos que creen en ti, escucha las oraciones que te dirigimos por tus siervos enfermos, para quienes imploramos el auxilio de tu misericordia, recuperen su salud, y, con la ayuda maternal de santa María, puedan ofrecer la acción de gracias en tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R∫. Amén.
Quinto dolor:
LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS

¡Oh, dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
que el llanto dulce me sea
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.


(Secuencia de la Misa de la bienaventurada Virgen de los Dolores, estrofa 5)

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
(Jn 19, 25-30)
Reflexión:
Hijo mío, sé que escuchas mis súplicas, aunque resuenen en mi corazón, pero necesito unas palabras tuyas. En todo el trayecto no he podido escuchar tu voz, porque ni siquiera te lamentas o te quejas. Es muy grave tu silencio. Pero, Hijo mío, mi alma quizá se repondría un poco y descansaría si escuchara una voz de tu parte:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
(Jn 19, 26b)
He comprobado que de nuevo mi oración ha sido escuchada como siempre por ti, Hijo mío. Sé que nunca me falla, quizá te haces de rogar como les gusta hacer a los hijos, pero tú, mi Jesús, no me has fallado jamás. Mira, vuelvo mis ojos de cara a Juan y descubro que la cara del discípulo no es la misma que la tuya, pero se parece tanto a ti… Ese parecido viene desde dentro, desde su interior, desde su fe, desde su fidelidad, desde su amor a Dios. Mi Jesús, tú te vas, déjame quien pueda ocupar tu lugar aquí en la tierra…
«Ahí tienes a tu madre».
(Jn 19, 27a)
Oración
DIOS todopoderoso y eterno, por los dolores de la Virgen María, a quien hemos recibido como Madre nuestra, te imploramos que concedas a quienes no creen en Cristo encontrar la verdad al caminar en tu presencia con sincero corazón, y a nosotros, deseosos de ahondar en el misterio de la vida, ser ante al mundo testigos más convincentes de tu amor y crecer en la caridad fraterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R∫. Amén.

Sexto dolor:
JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.


(Secuencia de la Misa de la bienaventurada Virgen de los Dolores, estrofa 6)

Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro.
(Mc 15, 42-46)
Reflexión:
Jesús, Hijo mío y Señor mío, aquí te tengo en mi regazo, llena de desconsuelo y de dolor, pero acabo de entender tu muerte y la acepto y me consuela recordar que “Era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria”. Así lo habían anunciado los profetas. Pero, ya sabes que a veces nos resistimos. Los humanos nos resistimos a perder lo que tenemos en esta vida, sin darnos cuenta que muchas veces ganamos más y mejor aquello que perdemos. Una Madre —así siente mi corazón— quisiera no pasar por el trance de ver morir a sus hijos. Teniendo un Hijo como tú, me parece perder mucho, pero he aprendido que voy a tener muchos más hijos. ¡Cuántas madres como yo van a ser elegidas para entregar su hijo a Dios totalmente de ahora en adelante! Ellas aprenderán que tú te has ido y quiero que aprendan que lo hemos de aceptar. Criamos hijos para Dios porque de Dios son y no debemos obstaculizar la misión que Dios les conceda en este mundo. Yo podré susurrarles al oído y entrar en su corazón para decirles: 
“Alegraos, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación”
(I Pe 1, 6. 8-9).
Oración
DIOS todopoderoso y eterno, en tu mano están los corazones de los hombres y los derechos de los pueblos, por la intercesión de la Madre dolorosa, mira con bondad a los que nos gobiernan las naciones, para que, en todas partes se mantengan, por tu misericordia, la prosperidad de los pueblos, la paz estable y la libertad religiosa.  Por Jesucristo, nuestro Señor.
R∫. Amén.
Séptimo dolor:
LA SEPULTURA DE JESÚS

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo.
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.


(Secuencia de la Misa de la bienaventurada Virgen de los Dolores, estrofa 7)

José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
(Jn 19, 40-42)
Reflexión:
Oh, gran Dios de las misericordias, ya todo está consumado de tu parte, pero aun no del todo por la nuestra. Es el momento del silencio, el momento en el que las palabras están de sobra, ahora toca mostrar los gestos. El primer gesto del silencio es hacer como haces tú y tu Hijo, mi Jesús, perdonar y dar la razón del perdón. Yo también quiero perdonar a los que han destrozado el cuerpo de mi Jesús, perdono también porque ellos no saben lo que hacen. Por eso Dios de las misericordias te pido que les des la luz de tu Santo Espíritu para que vean en el interior de su corazón la verdad y se arrepientan. El segundo gesto del silencio es buscar tu amistad, Dios de las misericordias, desear tu compañía, cobijarse bajo tu protección. Y el tercer gesto de mi silencio es la esperanza. Todo tiene arreglo, las debilidades nuestras son tu fortaleza, nuestra pequeñez es tu grandeza y nuestra miseria es tu riqueza. Llena a toda la humanidad de esperanza y así descubrirán el inmenso amor que les tienes. No todo se ha acabado en este lado nuestro, hemos de levantarnos de nuestra postración, de nuestras debilidades y pecados, hemos de resucitar. Señor Dios de gran misericordia, yo espero en la Resurrección. Jesús resucita y nosotros con él. El dolor se convertirá en alegría, el mal en bien y los pecadores en santos.
Oración
TE pedimos, Señor, que, por la gloriosa pasión de tu Hijo, que tanto hizo sufrir a la Virgen María al pie de la cruz, concedas a tus siervos difuntos el perdón de los pecados que siempre desearon, para que te conozcan en verdad y merezcan gozar de tu visión eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R∫. Amén.
Oración conclusiva

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
ru corazón compasivo.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando es tan fuerte
lance vida y alma estén;
porque cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.

(Secuencia de la Misa de la bienaventurada Virgen de los Dolores, estrofas 9 y 10)

Por la persona e intenciones del Santo Padre, el Papa Francisco.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración final:
OH, Dios, junto a tu Hijo elevado en la cruz quisiste que estuviese la Madre dolorosa; concede a tu Iglesia, que, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar en su resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R∫. Amén.


ORACIÓN EN EL ACTO RELIGIOSO DE LAS ÚLTIMAS MIRADAS

ORACIÓN EN LA «MADRUGÁ» DE LAS ÚLTIMAS MIRADAS José Cascant Ribelles, en la noche del Jueves Santo, 14 de abril de 2022 MEDITACIÓN Her...