miércoles, 13 de junio de 2012

¿MARÍA ES UN CAPRICHO ARBITRARIO DE DIOS?

Las líneas que siguen son la respuesta que doy a un amigo muy estimado que me escribía lo siguiente:
"Querido Padre y Hermano:
Ayude mi ignorancia.
¿Cómo fue elegida María como madre de Jesús?
¿Fue decisión de Dios omnipotente, sin ninguna base, y Él, digamos, arbitrariamente, la hizo perfecta desde antes de su concepción?
¿O Dios, con su sabiduría infinita, conocedor de la vida de todas las mujeres de la historia de la humanidad, aun antes de que ellas hayan vivido, misteriosamente, escoge a una que es la perfecta y la hace aún más perfecta, también anticipadamente, sin pecado original?
Un abrazo."

Sinceramente, escribí la respuesta de una tirada, y va dirigida a un amigo; no se trata de un tratado teológico, sino de un deseo de cumplir una satisfacción intelectual. Hay muchas lagunas que deben ser rellenadas y dedicar mucho más espacio a la explicación detenida de algunos aspectos de la respuesta.

He aquí mi respuesta:

¿Cómo fue elegida María como madre de Jesús?
El “cómo” es una pregunta, cuya respuesta encontramos en Lc 1, 26-38, que reza con el siguiente tenor:
«26Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
28Y entrando, le dijo:
Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
29Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 30El ángel le dijo:
No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios1; 31vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.
34María respondió al ángel:
¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?
35El ángel le respondió:
El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 36Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37porque ninguna cosa es imposible para Dios.
38Dijo María:
He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.
Y el ángel dejándola se fue.»
Porque si pides otra respuesta que esté en la mente de Dios y no ha revelado, jamás te la podría contar ni el santo coro de los Apóstoles.
Ahora bien, este relato de san Lucas, corresponde a las promesas hechas por Dios en el Antiguo Testamento, de las cuales las más directas son:
«Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente: "Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar."» (Gen 3, 14-15)
y:
«Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos:
"Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas".
Pero Ajaz respondió:
"No lo pediré ni tentaré al Señor".
Isaías dijo:
"Escuchad, pues, casa de David: ¿Acaso no os basta cansar a los hombres, que cansáis también a mi Dios? Por eso el Señor mismo os dará un signo. Mirad, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel.» (Is 4, 10-14)
Dios había hecho promesa de salvación al comienzo, con el primer pecado (llamado «pecado original»), pero curiosamente, al contrario de lo que podía entender cualquier ser humano, la salvación prometida por Dios iba a venir por medio de una mujer. En el Génesis hay que fijarse que antes de prometer la salvación, sanciona a la serpiente, el diablo, luego viene a sancionar la acción de la mujer pero con una promesa de salvación que será realizada por ella y por su linaje, no por el hombre. Si continuamos leyendo el Génesis, veremos cómo Dios sanciona al hombre con la condición penosa de su trabajo: «Al hombre le dijo: "Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás."  (Gen 3, 17-19). Esto significa dos cosas fundamentalmente: 1) que Dios quiere una salvación hecha por el único que la puede hacer: Dios mismo, para que sea una salvación efectiva y definitiva contra la “serpiente-demonio”, ese Dios mismo vendrá como Dios y de parte de Dios. 2) Pero será un Dios que tomará vida humana en la mujer, será de su linaje.
Con esto sacamos muy en claro que la salvación prometida por Dios no es realizada por iniciativa ni por la fuerza del hombre, el varón ha quedado al margen. Dios ya ha elegido a la mujer y ya tiene preparado el linaje de la mujer. Por tanto es una salvación que va a ser realizada por la mujer y por su linaje.
Esto no lo iban a entender jamás en el Antiguo Testamento, porque faltaba la revelación del cómo que nos cuenta san Lucas. Lógicamente el profeta Isaías vislumbra cómo puede ocurrir esto, designando una muchacha que humanamente no parece estar destinada para la maternidad, al menos de momento, pero que lo va a ser de manera inminente. Por tanto ya hay algo que nos hace suponer que en los designios de Dios todo está pensado, que nada va a dejarse a la improvisación ni a la arbitrariedad, sino a la gracia. Porque es necesario saber que gracia de Dios y arbitrariedad no son la misma cosa. Tampoco entra en los planes de Dios la improvisación, cuando ha dejado discurrir varios miles de años de historia humana para realizar la salvación2. Si Dios improvisara, probablemente, y para mí es algo seguro, jamás habríamos existido, pero esto es asunto de otro tema: pensamiento de Dios y existencia humana.

¿Fue decisión de Dios omnipotente, sin ninguna base, y Él, digamos, arbitrariamente, la hizo perfecta desde antes de su concepción?
Ya hemos quedado anteriormente que Dios nada improvisa; por tanto, nada en Dios es arbitrario, todo tiene su razón de ser, quizá para nosotros no todo es fácilmente explicable y todavía menos inteligible.
La base está dada por el pecado. Esa es la base fundamental. Toda la historia de la salvación discurre sobre dos ejes, el amor de Dios y el pecado del hombre, es una historia de amor y desamor. Un amor empedernido de Dios y una negación pertinaz del hombre al amor. En medio está el demonio que es personificación del Odio, el desamor total y absoluto. La ventaja del hombre sobre el demonio es que, aunque sea de modo imperfecto, el hombre siempre ama algo, aunque sea poco, intermitentemente y defectuosamente3, pero siempre tiene capacidad para amar, incluso el más malvado de los hombres.
En esta dinámica del Amor, Dios no improvisa sino que sale a favor del hombre desde el primer instante, y no se resigna a perderlo, como sí se resignó a perder al Ángel caído (¿qué tendrá el hombre para que Dios haya actuado de manera diferente?, sólo desde el Amor se puede entender la dinámica de Dios, y es que en el hombre, como dije anteriormente, todavía es posible el amor).
Dicha y confirmada esta base, hay que añadir que el amor nunca es indiferente, ni siquiera para Dios. De modo que cuando se ama, la capacidad de amar es infinita incluso en el hombre que es finito. En Dios, no obstante es infinitamente supremo y perfecto, de modo que Dios, al amar, ama a cada uno como cada uno necesita ser amado. Aquí es donde entra el misterio de la Encarnación, porque aquí estamos configurados todos. Dios ama como cada uno necesita ser amado. A mayor responsabilidad por loa misión encargada por Dios mayor es el amor. Porque el amor hay también predilección. Un hombre es capaz de amar mucho, pero a sus hijos los ha amado con un amor diferente y superlativamente mayor que a sus hermanos y amigos. Dios también tiene sus predilecciones, aunque nos ama a todos como cada uno necesita ser amado, ama como quiere a cada uno y para algunos siente amor de predilección, lo que no es una injusticia para nosotros, sino un derecho de Dios, ya que es libre al amar.
Cuando Dios había decidido que su Hijo eterno sería el Redentor, es decir, el linaje de la mujer que con la mujer pisotearía la cabeza de la serpiente, a la que tenía que ser Madre de su Hijo la amó por encima de todas las demás criaturas. Fue el Amor de Dios expresado en la máxima perfección de Dios hacia una de sus criaturas el que hizo pura, santa, inmaculada a la Madre de su Hijo desde el primer instante de su concepción.
Por tanto, no fue arbitraria, sino fruto del más perfecto amor de Dios sobre una de sus criaturas, la más excelente de cuantas criaturas han salido de la mente y la voluntad amorosa de Dios. No la hizo perfecta antes de la concepción, porque antes de la concepción María no era nadie, la hizo perfectamente pura, santa e inmaculada desde el primer instante de la concepción, porque el Amor de Dios no permitió que la mancha del pecado original no alcanzara a María.
Lo que en Dios era voluntad para todas criatura humana, que jamás conocieran el pecado y con él fueran siempre felices, lo consiguió en María en previsión de los méritos de Cristo, es decir, aplicó los méritos de su Hijo (eterno) que haría en la historia en una criatura al comenzar su historia para que su Hijo (desde el tiempo) realizara méritos eternos aplicables para toda la humanidad. A esto correspondió María con su “hágase en mí según tu palabra”, de modo que no fue sólo una criatura pasiva, recibiendo la gracia plena de Doios, sino una criatura agente en la acción salvadora de Dios, de ahí que María haya sido corredentora con Cristo desde el primer instante de su concepción.

¿O Dios, con su sabiduría infinita, conocedor de la vida de todas las mujeres de la historia de la humanidad, aún antes de que ellas hayan vivido, misteriosamente, escoge a una que es la perfecta y la hace aún más perfecta, también anticipadamente, sin pecado original?
Dios no escoge a una mujer de cuantas existen para hacerla perfecta y  así tener una Madre a su gusto, como no escoge a nadie de cuantos existen para encomendarles una misión en la tierra. Ése sería un concepto utilitarista de Dios sobre la vida de los hombres. Dios no utiliza a los hombres, porque la utilización de los demás es un modo de egoísmo, lo que en Dios resulta imposible. Más bien hay que pensar la vida de los hombres en el marco de la misión encomendada por Dios al venir a este mundo.
Habría que pensar que Dios nos tiene a todos presentes desde toda la eternidad, caso que así no fuera ninguno de nosotros hubiera jamás existido4.
En este sentido, en el plan de Dios, plan por consiguiente eterno, está María con su Hijo. No busca Dios entre las existentes, sino que la pensó con esa Misión tan alta. Si María es importante no es por la alta Misión que realizó, sino porque la aceptó sin condiciones de ninguna clase “he aquí la esclava del Señor”. Todos tenemos una misión de Dios, cada uno tenemos la nuestra, la aceptación incondicional de esa misión y su perfecta y libre realización nos convierte en perfectos, santos delante de Dios, gratos. Dice la Escritura que cayó en gracia delante de Dios:
«Y David halló gracia delante de Dios, y pidió el favor de hallar una morada para el Dios de Jacob.» (Hechos 7, 46)5.
Lo importante, pues, no es la misión, que ya de sí lo es, pero no todos podemos tener la misma misión, ni sólo hay que hacer una misión que todos la compartamos, sino que a cada uno asigna Dios una misión sumamente importante para nosotros; cumplirla como María, con plenitud de aceptación y perfectísimo cumplimiento es lo que nos hace santos y amigos de Dios. María tuvo su misión y Dios le concedió, porque quiso, no arbitrariamente, sino porque era conveniente6. Era conveniente la santidad de María porque en ella tenía que habitar la misma santidad en persona; era conveniente la santidad de María porque tenía que ser prototipo de la Iglesia santa; era conveniente la santidad de María porque tenía que cooperar plenamente en la Redención como Corredentora, siendo así que la sangre que nos redimió y la muerte del cuerpo que nos salvó había tomado carne en el seno de María y se había alimentado de la misma sangre que María, cuerpo entregado y sangre derramada (Cf. Lc 22, 19-20)7.
Por tanto, 1) no escogió una mujer perfecta, sino que la hizo perfecta desde el primer instante de su concepción para realizar la misión encomendada de ser la Madre del Redentor; 2) esta mujer, una vez, santificada, pudo, en uso de su libertad, negarse a realizar el plan de Dios (son muchos los hombres que reciben gracias de Dios para realizar su misión y éstos echan la gracia de Dios en saco roto8), sin embargo se convirtió en la esclava del Señor, sin condiciones, máxima perfección desde la cuna hasta la cruz9; 3) la fidelidad de María, como enseña la tradición y los escritos de los Santos Padres fue permanente durante el tiempo de su vida, se encontró en medio de los Apóstoles sosteniendo la fe de éstos en la espera de Pentecostés10; se estableció en Éfeso y en el Apocalipsis de San Juan aparece la mujer que representa a la Iglesia como la que va a dar a luz a un hijo “que debía regir todas las naciones con vara de hierro”, que es el Mesías, Cristo1; 4) la mujer que en la vida de la Iglesia siente las preocupaciones de sus hijos en este “valle de lágrimas” y obtiene de Dios el favor de manifestarse para instar a ser fieles a Dios; quien fue fiel puede pedir nuestra fidelidad, quien fue fiel es modelo de fidelidad, quien pide a Dios que nos conceda nuestra fidelidad.

NOTAS
1καὶ εἶπεν ὁ ἄγγελος αὐτῇ· μὴ φοβοῦ, Μαριάμ, εὗρες γὰρ χάριν παρὰ τῷ θεῷ.
2Si dejamos al Ramapithecus como un primate, no homínido, extinguido hace unos 8 millones de años, esperamos al género de los Australopithecus, aparecidos hace 6 millones de años, para ver a los primeros homínidos. Sin embargo, hace 2, 5 millones de años que aparece el género homo (habilis), hace 2 millones aparece el homo erectus, hasta la aparición del homo sapiens (hace aproximadamente 200.000 años). ¿Cuándo el hombre es el capaz de pecar y sujeto de salvación? Nos estamos refiriendo ya a Adán y Eva. Podríamos datarlo al homo de hace 80.000 a 30.000 años, que ya entiende de religión, el homo sapiens sapiens, quizá mejor que el neanderthalensis, porque hace enterramientos fúnebres y arte figurativo, lo que indica una cierta espiritualidad.
3Dios ama siempre perfectísimamente, porque Dios es Amor (1 Jn 4, 8-16; cf. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas est (25 de diciembre de 2005), es decir el Amor pleno y perfecto es Dios. El demonio es todo lo contrario, por ser oposición a Dios, es Odio, Rencor, Guerra, Violencia, Pecado; y no puede amar, ni siquiera a sí mismo. El hombre es capaz de amar, de percibir el amor de Dios, de participar del amor de Dios y a la vez de comulgar con el Odio, el Rencor, la Guerra y el Pecado; hay elementos vitales en el hombre en los que el amor se impone sobre el egoísmo y el odio, por ejemplo la paternidad, la fraternidad, el compañerismo, cualidades específicamente humanas, de las que ni Dios se ha querido eximir, siendo Padre, Hijo y Comunicándose al hombre.
4. Una diezmillonésima de segundo que Dios dejara de pensar en nosotros, no es que dejaríamos de existir, es que jamás hubiéramos existido. Sin Providencia de Dios nada es posible que se mantenga en el ser. Todos, los habidos, los actuales y los futuros estamos en la mente de Dios desde toda la eternidad. Es decir el Dios que no cabe en nuestra mente nos tiene a todos en la suya desde la eternidad hasta la eternidad, porque Dios es simple, Acto puro, perfectísimo y el que Vive, el alfa y omega, el principio y el fin, el que es. era y vendrá, el único que es Ser supremo y absoluto y nos mantiene a todos en el ser.
5ὃς εὗρεν χάριν ἐνώπιον τοῦ θεοῦ καὶ ᾐτήσατο εὑρεῖν σκήνωμα τῷ θεῷ Ἰακώβ. La palabra escogida es χάριν, la misma que se emplea en el texto de Lucas, lo hice constar en la nota 1: καὶ εἶπεν ὁ ἄγγελος αὐτῇ· μὴ φοβοῦ, Μαριάμ, εὗρες γὰρ χάριν παρὰ τῷ θεῷ. También Noé halló gracia delante de Dios (Cf, Gen 6, 8) para cumplir su misión. Esta gracia quiere decir que Dios favorece haciéndose presente; hallar el favor de Dios es que tanto Dios como la criatura están en perfecta sintonía para que ésta realice la misión que él le concedió, En María este favor fue pleno en su totalidad: κεχαριτωμένη (Lc 1, 28). Este kejaritōmnenē es un participio pasivo que lleva en su interior una expresividad de plenitus, la llena-de-gracia, más imposible, la totalidad de la gracia divina, la perfecta santidad.
6placuit, decuit, ergo fecit = quiso, convino, luego, hizo. Este axioma utilizado por los clásicos para explicar el dogma de la Inmaculada Concepción es adecuado. Dios quería tener una Madre como la que tuvo, era conveniente tener una Madre como la que tuvo, luego hizo una Madre como la que tuvo. ¿Acaso no hubiéramos hecho nosotros lo mismo con nuestra madre si hubiera estado en nuestro poder hacerlo? ¿O acaso nuestra mente, que si puede, no ha pensado que nadie ha tenido nunca, excepto Jesucristo, una madre como la nuestra, porque nuestra madre es la mejor de cuantas madres haya podido haber? Lo que la mente humana puede pensar no siempre lo puede hacer, lo que piensa la mente de Dios lo hace siempre necesariamente.
7. καὶ λαβὼν ἄρτον εὐχαριστήσας ἔκλασεν καὶ ἔδωκεν αὐτοῖς λέγων· τοῦτο έστιν τὸ σῶμα μου [[τὸ ὑπὲρ ὑμῶν διδόμενον· τοῦτο ποιεῖτε εἰς τὴν ἐμὴν ἀνάμνησιν.καὶ τὸ ποτήριον ὡσαύτως μετὰ τὸ δειπνῆσαι, λέγων· τοῦτο τὸ ποτήριον ἡ καινὴ διαθήκη ἐν τῷ αἵματι μου τὸ ὑπὲρ ὑμῶν ἐκχυννόμενον]]. Y tomando el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros; haced esto en memoria mía. Del mismo modo, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: Este es el cáliz de la nueva alianza en mi sangre, que será derramada por vosotros.
8. 2 Cor 6, 1.
9. Evangelios de la infancia de Lucas y Mateo; Evangelio de Juan: 2, 1-12; 19, 25-27.
10Hech 1, 13-14: “Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago. Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.
11Ap 12, 1-18.

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