SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ
Este año, pueden comenzarse los siete domingos de san José, el 29 de enero, que concluirán el 12 de marzo, para celebrar la fiesta el 19 de marzo, o bien el 5 de febrero para concluir el 19 de marzo, ya que ya fiesta litúrgica de san José se celebra el 20 de marzo, lunes, por ser el 19 de marzo el III Domingo de Cuaresma.

PRIMER DOMINGO


El dolor: La decisión de repudiar a su inmaculada esposa.

La alegría: Cuando el Arcángel le reveló el sublime misterio de la encarnación.

Glorioso San José, castísimo esposo de María,  ¡qué aflicción y angustia la de tu corazón en la perplejidad en que estabas sin saber si debías abandonar o no a tu esposa sin mancilla! Pero ¡cuál no fue también tu alegría cuando el ángel te reveló el gran misterio de la Encarnación!

Por este dolor y este gozo te pedimos que consueles nuestro corazón ahora y en los últimos dolores de nuestra vida, con la alegría de una vida justa y de una santa muerte semejante a la tuya, asistidos de Jesús y de María.

Padrenuestro, Ave y Gloria.


SEGUNDO DOMINGO


El dolor: Ver nacer el niño Jesús en la pobreza.

La alegría: Escuchar la armonía del coro de los ángeles y observar la gloria de esa noche.

Glorioso San José, bienaventurado patriarca, escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre: el dolor que sentiste viendo nacer al niño Jesús en tan gran pobreza se cambió de pronto en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los ángeles y contemplar las maravillas de aquella noche tan resplandeciente.

Por este dolor y gozo alcánzanos, una vez concluido el camino de esta vida, la gracia de escuchar las alabanzas de los ángeles y de gozar de los resplandores de la gloria celestial.

Padrenuestro, Ave y Gloria

TERCER DOMINGO


El dolor: Ver derramada la sangre del niño Jesús Salvador durante su circuncisión.

La alegría: Poner al Hijo de Dios el nombre de Jesús, que significa “Dios salva”.

Glorioso San José, ejemplo de obediencia para cumplir las leyes divinas, la sangre preciosísima que el Redentor Niño derramó en su circuncisión te traspasó el corazón; pero el nombre de Jesús que entonces se le impuso, te reconfortó y te llenó de alegría.

Por este dolor y este gozo alcánzanos la gracia de vivir alejados de todo pecado, a fin de expirar gozosos, con el santísimo nombre de Jesús en el corazón y en los labios.

Padrenuestro, Ave y Gloria

CUARTO DOMINGO


El dolor: Escuchar la profecía en la que el anciano Simeón predijo los sufrimientos de Jesús y María.

La alegría: Entender el sentido de la vida de Jesús mediante la predicción de la salvación y de la gloriosa resurrección de innumerables almas.

Glorioso San José, santo fidelísimo, que tuvistes parte en los misterios de nuestra redención; aunque la profecía de Simeón acerca de los sufrimientos que debían pasar Jesús y María te causó dolor mortal, sin embargo te llenó también de alegría, anunciándote al mismo tiempo la salvación y resurrección gloriosa que de ahí se seguiría para un gran número de almas.

Por este dolor y por este gozo consíguenos ser parte del número de los que, por los méritos de Jesús y la intercesión de la bienaventurada Virgen María, han de resucitar gloriosamente.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

QUINTO DOMINGO


El dolor: El afán de educar, alimentar y servir al Hijo Dios, durante la emigración a Egipto.

La alegría: Tener siempre consigo al mismísimo Dios, y viendo cómo ante Jesús los ídolos de Egipto no son nada.

Glorioso San José, custodio vigilante, familiar íntimo del Hijo de Dios hecho hombre, ¡cuánto sufriste teniendo que alimentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente en la huida a Egipto!, pero cuán grande fue también tu alegría teniendo siempre contigo al mismo Dios, del todo incomparable con aquellos ídolos de Egipto que, siendo tenidos como dioses,  no eran más que piedras sin alma.

Por este dolor y este gozo, alcánzanos la gracia de alejar para siempre de nosotros al tirano infernal, sobre todo huyendo de las ocasiones peligrosas de pecar, y derribar de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, para que, ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para ellos y muramos gozosos en su amor.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

SEXTO DOMINGO


El dolor: Regresar huyendo a Nazaret por el miedo que suponía el nuevo rey de Judea, Arquelao.

La alegría: Poder dar ambiente de hogar en Nazaret a Jesús y a María y saberse protegido por Dios mediante la confianza establecida con el Ángel de sus sueños.

Glorioso San José, ángel de la tierra, que pudiste admirar al Rey de los cielos, obedeciendo tus más mínimos y paternales mandatos; aunque la alegría al traerle de Egipto se turbó por temor a Arquelao, sin embargo, tranquilizado luego por el ángel, viviste dichoso en Nazaret con Jesús y María, en la intimidad de un hogar donde Dios ocupó siempre el centro de tus pensamientos y actividades.

Por este dolor y este gozo, alcanzadnos la gracia de desterrar de nuestro corazón todo temor nocivo, poseer la paz de conciencia, vivir seguros con Jesús y María y morir también asistidos por ellos.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

SÉPTIMO DOMINGO


El dolor: Cuando sin culpa pierde a Jesús, y lo busca con angustia durante tres días.

La alegría: Encontrar a Jesús en el Templo en medio de los doctores de la Ley para enseñarles el verdadero sentido de la Escritura santa.

Glorioso San José, modelo de toda santidad entre los humanos, que habiendo perdido sin culpa tuya al Niño Jesús, le buscaste durante tres días con profundo dolor, hasta que, le hallasteis en el templo, en medio de los doctores, momento en que tu corazón de sintió henchido de alegría al verlo, además porque Dios quiso llevar tu alma de santa satisfacción al ver cómo el Niño ya había comenzado por cuenta propia su misión redentora; tu boca calló y meditó aquellas palabras con las que el Niño Jesús explicaba el verdadero sentido de la Escritura a los sabios de Israel.

Por este dolor y este gozo, te suplicamos, con palabras salidas del corazón, que intercedas en nuestro favor para que jamás nos suceda que perdamos a Jesús por algún pecado grave. Pero, si por desgracia le perdiéramos, haz que le busquemos con tal dolor que no hallemos sosiego hasta encontrarle benigno en el Sacramento de la Penitencia, sobre todo en nuestra muerte, a fin de ir a gozarle en el cielo y cantar eternamente contigo sus divinas misericordias, descubriendo la revelación contenida en la Escritura de modo vivo en la contemplación del rostro de Dios.

Padrenuestro, Ave y Gloria.


GOZOS DEL GLORIOSO PATRIARCA SAN JOSÉ,
ESPOSO DE LA BIENAVENTURADA MARÍA VIRGEN


Eres santo sin igual 
y de Dios el más honrado:
sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

I
Antes que hubieses nacido,
ya fuiste santificado, 
desde siempre destinado 
para ser favorecido:
naciste de esclarecido 
linaje y sangre real.
sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

II
Esa tu vida tan pura 
que te hace sin segundo:
después de María, el mundo 
no vio más santa criatura; 
y así fue tu gran ventura 
entre todos sin igual.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

III
Pues tu santidad declara 
aquel caso soberano, 
que estando en tu santa mano 
floreció la seca vara;
y porque nadie dudara, 
hizo el cielo esta señal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

IV
A vista de este portento,
todo el mundo te respetaba,
y parabienes te daba 
con alegría y contento; 
publicando el casamiento 
con la Reina celestial.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

V
Con júbilo recibiste
a María por esposa,
Virgen pura, santa, hermosa,
con la cual feliz viviste,
y por ella conseguiste
dones y luz celestial.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.


VI

Oficio de carpintero
ejercitaste tú en vida,
para ganar la comida
a Jesús, Dios verdadero,
y a tu Esposa, un lucero,
compañera virginal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

VII
Dios y tú con tierno amor
daba el uno al otro vida,
tú a él con la comida,
y él a ti con su sabor:
tú le disteis el sudor,
y él te dio vida inmortal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

VIII
Tú fuiste la concha fina, 
en donde con entereza 
se conservo la pureza 
de aquella Perla divina, 
fue tu Esposa y Madre digna, 
la que nos sacó de mal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

 IX

Cuando la viste en Cinta, 
inmensa fue tu tristeza;
sin condenar su pureza,
tratabas en tu jornada; 
estorbóla la embajada 
de aquel Nuncio celestial.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

X
No tengas ¡oh José! espanto, 
el Paraninfo decía:
lo que ha nacido en María, 
es del Espíritu Santo:
tus consuelos fueron tanto, 
cual pedía caso tal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XI
Eres el hombre primero 
que viste a tu Dios nacido; 
en esos brazos dormido
tuviste a aquel Lucero, 
siendo tú el tesorero 
de aquel inmenso caudal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XII
Por treinta años nos guardaste 
aquel Tesoro infinito
en Judea, y en Egipto 
a donde lo retiraste; 
entero nos conservaste 
aquel rico mineral.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XIII
Cuidado, cuando perdido, 
te causó un gran sentimiento
que se te volvió en contento 
del cielo restituido; 
de quien siempre obedecido 
eres con amor filial.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XIV
En tu muerte muy dichosa, 
siempre estuvrieron los dos: 
el mismo humanado Dios 
y María vuestra Esposa:
y para ser muy gloriosa, 
vino un coro angelical.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XV
Con Cristo resucitaste
en cuerpo y alma glorioso,
y a los cielos victorioso
a tu Rey acompañaste,
a su derecha te sentaste
haciendo coro especial.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XVI
Allá estás como abogado 
de todos los pecadores, 
alcanzando mil favores 

al que te llama atribulado:
ninguno desconsolado 
salió de este tribunal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

XVII
Los avisos que leemos 
de Teresa nuestra madre, 
por abogado y por padre 
nos exhorta que te tomemos:
el alma y cuerpo sabemos 
que libras de todo mal.
Sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

Eres santo sin igual 
y de Dios el más honrado:
sé, José, nuestro abogado
en esta vida mortal.

MARE DE DÉU DELS DESAMPARATS


Dissabte anterior al II diumenge de Maig
La Benaventurada Verge Maria,
Mare de Déu dels Desamparats
Patrona principal de la ciutat i de la regió valenciana
En València ciutat, Solemnitat.
Fora de la ciutat, Festa.
Els texts d'esta missa nos recorden als fidels valencians el patronatge de la Mare de Déu dels Desamparats i el sentit cristià i social Que el seu títol inspira. La maternitat eclesial de Maria (Evangeli) succeeix ja en el mon de la nova aliança (primera lectura del Temps Pasqual) i en el qual la practica de l'amor cristià (segona lectura) és un fruit de la nova creació. En la pregaria eucarística proclamem avui el misteri de la gràcia, realitzat singularment en Mana i també el seu caràcter eixamplar.
Antífona d'entrada                                                                         Salm 5, 12
Que s'alegren els qui s'amparen en Vós,
Verge Maria;
que s'ompliguen de goig
els qui amen el vostre nom. (T. P. Al·leluia).
Oració col·lecta
Déu, Pare de misericòrdia:
als qui venerem la Verge Maria
amb l'entranyable títol
de Mare de Déu dels Desamparats,
concediu-nos que,
protegits per Mare tan bona,
no nos sintam mai desamparats
de la vostra bondat.
Per nostre Senyor Jesucrist, el vostre Fill,
que amb vós viu i regna
en la unitat de l'Esperit Sant, Déu,
pels segles dels segles.
Amén.
En la Solemnitat, “Credo".
Oració sobre les ofrenes
Al venerar la memòria de la Verge Maria,
Mare del vostre Fill i Mare dels Desamparats,
vos preguem, Senyor i Déu nostre,
que l'ofrena, que vos presentem,
nos transforme, per la vostra gràcia,
en oblació viva i perenne.
Per Crist nostre Senyor.
Amén.
Prefaci
V. El Senyor siga amb vosaltres.
R. I amb el vostre esperit.
V. Amunt els cors.
R. Els elevem cap al Senyor.
V. Donem gràcies al Senyor, Déu nostre.
R. És just i necessari.

És realment just i necessari,
és el nostre deure i és la nostra salvació
que, sempre i en tot lloc,
vos donem gràcies, Senyor, Pare Sant,
Déu totpoderós i etern,
per Crist, nostre Senyor.

Perquè, al concedir-nos el goig
de celebrar avui la festa de la Verge Maria,
Mare de Déu dels Desamparats,
nos la proposeu com a model
de fidelitat a la vostra paraula,
nos l'oferiu com a ampar en el nostre desvaliment
i com a estímul constant per a la nostra caritat.

Per això, amb els àngels i els sants,
vos aclamem plens d'alegria
dient sense parar:

Sant, sant, sant...
Antífona de comunió                                                                         Lc 1, 50
La misericòrdia del Senyor
arriba als seus fidels
de generació en generació. (T. P. Al·leluia.)

Postcomunió
Alimentats amb el cos i la sang del vostre Fill,
vos supliquem, Senyor, que els qui hem celebrat
la solemnitat de la sempre Verge Maria,
Mare dels Desamparats
nos dediquem, com ella ho féu,
al vostre pla de salvació sobre els homes.
Per Crist, nostre Senyor.

Amén.

MADRE DE LOS DESAMPARADOS


Madre de los Desamparados,
Patrona principal de la ciudad y región valenciana

En la ciudad de Valencia, Solemnidad
Fuera de la Ciudad, Fiesta
Los textos de esta misa nos recuerdan el Patronazgo de la B. V. M. Madre de los Desamparados y el sentido cristiano y social que inspira este título. La maternidad eclesial de María (Evangelio) sucede ya en el ámbito de la nueva alianza (la lectura del Tiempo Pascual) y en el cual la práctica del amor cristiano (segunda lectura) es un fruto de la nueva creación. En la plegaria eucarística proclamamos hoy el misterio de gracia realizado singularmente en María y su carácter ejemplar.

Antífona de entrada                                                                    Cf. Sal 5, 12
Alégrense todos los que en ti confían,
Virgen María;
y en ti se regocijen
los que aman tu nombre. (T. P. Aleluya.)
Se dice "Gloria"
Oración colecta
Dios, Padre de misericordia,
a cuantos veneramos a la Virgen María
con el título entrañable
de Madre de los Desamparados,
concédenos
que, protegidos por tan tierna Madre,
nunca nos veamos abandonados de tu bondad.
Por nuestro Señor.
En la Solemnidad, "Credo"
Oración sobre las ofrendas
Al venerar la memoria de la Virgen María,
madre de tu Hijo
y Madre de los Desamparados,
te rogamos, Señor y Dios nuestro,
que la ofrenda que te presentamos
nos transforme, por tu gracia,
en oblación viva y perenne.
Por Jesucristo.
Prefacio
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo Señor nuestro.

Porque, al concedernos el gozo
de celebrar hoy la fiesta de la Virgen María,
Madre de los Desamparados,
nos la propones como modelo
de fidelidad a tu palabra
y nos la ofreces como amparo
en nuestro desvalimiento
y estímulo constante para nuestra caridad.

Por eso,
con los ángeles y los santos,
te aclamamos llenos de alegría:

Santo, Santo, Santo...

Antífona de la comunión                                                                   Lc 1, 50
La misericordia del Señor
llega a sus fieles
de generación en generación. (T. P. Aleluya.)
Oración después de la comunión
Alimentados con el cuerpo y la sangre de tu Hijo,
te rogamos, Señor,
que cuantos hemos celebrado
la festividad de María siempre Virgen,
Madre de los Desamparados,
nos entreguemos como ella
a tu plan de salvación sobre los hombres.
Por Jesucristo.

ORACIÓN EN EL ACTO DE LAS ÚLTIMAS MIRADAS

          Es Jueves Santo, 28 de marzo de 2024, al filo de las 24:00 horas entre el Jueves y Viernes Santo. Han llegado las imágenes, cada u...